Todos conocemos el concepto de asertividad, pero pocos la practican de verdad. Explicamos en qué consiste el entrenamiento asertivo y por qué el cambio real no ocurre en un curso, sino después.
A estas alturas es raro encontrarse con una persona que no conozca el concepto de asertividad, pero tampoco es muy habitual conocer a personas verdaderamente asertivas.
La asertividad podría definirse como la capacidad de expresarnos con honestidad, defendiendo nuestros derechos o argumentando nuestras razones y deseos, pero siempre sin ofender al otro ni caer en la pasividad o sumisión. Es una competencia interpersonal que se pone en marcha en situaciones difíciles: cuando tenemos que decir que no, transmitir un mensaje desagradable, defender nuestra postura en un debate o formular peticiones delicadas.
El concepto es relativamente sencillo de entender, pero la puesta en práctica puede convertirse en un problema complicado. En situaciones emocionalmente intensas, caemos sin poder evitarlo en respuestas pasivas (por miedo) o agresivas (por no ser capaces de manejar la rabia).
Las consecuencias de no ser asertivo
Cuando nuestra forma de responder se convierte en una tendencia, aparecen consecuencias poco favorables. Un estilo orientado a la pasividad tiende a incrementar los niveles de frustración y puede configurar relaciones de poder desequilibradas. Una tendencia a reaccionar de forma agresiva conlleva problemas interpersonales, roces y conflictos con otros.
La buena noticia es que todas las personas pueden desarrollar y entrenar comportamientos asertivos, tanto en su vida personal como profesional.
Cómo funciona el entrenamiento asertivo
La mejora real en asertividad no puede darse de forma puramente teórica. Uno de los primeros pasos es conocer la estructura de la respuesta asertiva para utilizarla en las situaciones difíciles del día a día. Y una vez conocida esa estructura, el siguiente paso es analizar conscientemente las situaciones difíciles a las que nos enfrentamos, siempre a posteriori.
Si después de vivir esas interacciones reflexionamos sobre cuál podría haber sido la mejor manera de responder asertivamente, y hacemos este ejercicio en cada situación difícil que vivimos, poco a poco las respuestas asertivas empezarán a formar parte de nuestro repertorio y aparecerán en el momento en que deben aparecer.
En los cursos de formación sobre asertividad, la persona interioriza la estructura de la respuesta asertiva como primer paso. Si además se trabajan estrategias de autogestión emocional para dominar el miedo o la rabia presentes en algunas interacciones, habremos sentado las bases del entrenamiento asertivo real.
