Antes de mejorar, la persona tiene que reconocer qué puede mejorar. Pero nuestros mecanismos de defensa ante la crítica bloquean ese primer paso. Cómo la metodología formativa puede rodear ese obstáculo.
Decía Daniel Goleman que las personas emocionalmente inteligentes tienen una valoración muy precisa de sus puntos fuertes y áreas de mejora. Esta afirmación implica que, además de confiar en nuestras capacidades y virtudes, es importante reconocer también aquellas facetas de nuestro desempeño que son susceptibles de mejora.
Sin embargo, cuando es otra persona la que nos comunica la existencia de dichas áreas de mejora y nos lanza una crítica, raro es el caso en el que la aceptamos sin reparos. En el momento en que percibimos que nuestra autoestima puede verse amenazada, emergen con fuerza toda una serie de defensas que persiguen protegernos de esa información para mantener nuestro equilibrio interior.
Cuando las defensas bloquean el desarrollo
Cuando los mecanismos de defensa son excesivamente rígidos, sencillamente negamos la crítica y hacemos caso omiso de nuestro lado menos amable. Aunque esto puede evitar el desánimo a corto plazo, también bloquea nuestro desarrollo. Resulta muy complicado mejorar si pensamos que todo lo hacemos bien y que somos únicamente un conjunto de rasgos positivos.
La evidencia científica demuestra que trabajar sobre las capacidades y rasgos más positivos del individuo es un modo muy efectivo de estimular el desarrollo. Sin embargo, las propias áreas de mejora también pueden desarrollarse, siempre y cuando la persona tome consciencia de que dichos aspectos existen, tienen impacto y generan consecuencias no del todo favorables.
El papel de la metodología formativa
Por eso, el primer paso de toma de consciencia resulta fundamental para que la persona tome las riendas y se responsabilice de su propio desarrollo. Si uno de los objetivos de un proyecto de formación o coaching es la mejora personal o interpersonal, uno de los abordajes necesarios será posibilitar esa toma de consciencia sobre las áreas de mejora propias.
Resulta fundamental que la metodología utilizada en formación y coaching evite la activación de los mecanismos de defensa ante la crítica, con el fin de propiciar un clima motivador que facilite el cambio.
Sin este paso previo, la mejora que se produzca será muy posiblemente superficial, transitoria o poco significativa.
