Empatía no es sentir lo mismo que el otro. Existe una forma más efectiva de conectar con las personas: la empatía cognitiva. Te explicamos en qué se diferencia y por qué es entrenable.
En cualquier manual sobre empatía, ésta se define como la capacidad para percibir, comprender y entender al otro, su punto de vista, su perspectiva, e incluso su manera de sentir y percibir el mundo. En definitiva, ponerse en los zapatos del otro.
Pero hay una distinción importante que rara vez se explica: la diferencia entre empatía cognitiva y contagio emocional.
El contagio emocional: útil, pero con límites
Todos hemos experimentado alguna emoción parecida a la que sufren personas cercanas a las que queremos. Esta empatía afectiva está regulada por el sistema límbico y es una habilidad que todos compartimos en mayor o menor grado. Cumple un propósito adaptativo porque nos conecta con los demás, pero tiene un lado menos positivo: en ocasiones perdemos la objetividad y no ofrecemos al otro la respuesta más adecuada.
La empatía cognitiva: más efectiva en el entorno profesional
La empatía cognitiva impide que perdamos completamente la objetividad, lo cual nos permite adoptar una postura más adaptativa y con mayor probabilidad de éxito. Esta capacidad para entender al otro desde un punto de vista racional parte del pensamiento y el análisis, y está regulada por la corteza cerebral.
A diferencia del contagio emocional, la empatía cognitiva puede convertirse en una respuesta consciente. Podemos elegir cómo y cuándo dar al otro una respuesta empática. Y al tratarse de una respuesta cognitiva, la buena noticia es que es una habilidad que puede entrenarse y mejorarse, independientemente de la capacidad empática innata de cada persona.
Cómo desarrollarla
La escucha activa, la reducción de prejuicios, la comprensión de las circunstancias ajenas, la comunicación efectiva, la humildad o la capacidad para concentrarse genuinamente en el otro son habilidades que pueden optimizarse para lograr entender al otro desde su realidad y su situación particular.
Hacer consciente la habilidad, estructurar las posibles respuestas efectivas y el entrenamiento práctico en diferentes situaciones permite que la capacidad para empatizar cognitivamente mejore de forma significativa, con una mejora notable en las relaciones interpersonales del entorno personal y profesional.
